Sinopsis
Mi primera reacción fue levantarme y salir de allí, pero el muro detrás de mí se reclinó sobre mi espalda y me abrazó con dulzura.
Para más asombro, un cuchillo se acercaba enfadado por el pasillo. Se estaba ensañando con un sobre, o más bien con sus restos. Lo empujaba hacia mí con el desprecio de las malas noticias. Le seguía una cuchara de café que lentamente ascendió hasta mi cara y comenzó a deslizarse por mis párpados con ternura.
Aquella inquietante escena se bañaba bajo la lámpara del salón. Su enorme ojo encendido recorría los rincones a ritmo de vals lento y grave.
El estremecimiento de la casa cesó con el cuchillo desmayado y la carta destrozada a mis pies. Una de las patas de la mesa cogió los trozos rasgados y me los acercó. Solo pude leer el nombre del remitente: el nuevo heredero de esta casa.
Al fondo del pasillo, en la cocina, la nevera, con su eterno quejido, musitó: “Te echaremos de menos”.
Daniel Abreu






